Ser mamá sin dejar de ser mujer

Ser mamá sin dejar de ser mujer

Hay madres que dejan de lado su coquetería, su mujer interior. Pero el hecho de tener hijos no significa que pasemos a un segundo plano.

Ser mamá te cambia la vida. Tus horarios son diferentes, tu rutina es otra. La maternidad te da toda una estructura que cambia drásticamente el día a día. Los momentos de estar en familia son para renovar energías, disfrutar, dar mucho cariño y tener un contacto de piel. Los días comienzan desde bien temprano para preparar a los chicos para ir al colegio. Vestirlos, armar las viandas, hacer el desayuno, llevarlos, buscarlos, traerlos […]. Pero también soy una mamá que trabaja. La clave es saber organizarse y nunca, pero nunca, dejar de ser mujer.
En las redes sociales me preguntan mucho sobre cómo mantener un balance entre la vida familiar y laboral, sin descuidar la femineidad. Mis consejos son siempre los siguientes:

  1. Tener momentos con una misma, haciendo las cosas que nos gustan. Cuando quiero un momento para mí, llamo a mi profesora de baile para combinar una clase. Bailar es una de mis grandes pasiones y trato de no dejarla de lado. Si creamos espacios para cultivar nuestro yo interior, evitamos terminar agobiadas por la rutina.
  2. No descuidarse. Hay muchas madres que dejan de lado su coquetería, su mujer interior. Pero el hecho de tener hijos no significa que pasemos a un segundo plano. El peor error es olvidarnos de nosotras mismas. Tenemos que cuidarnos, como las mujeres valiosas que somos. No descuidemos nuestro aspecto -ni físico ni emocional-.
  3. Elegir una carrera que acompañe tu vida, y no una vida que se aggiorne al trabajo. La prioridad es la familia; ellos son quienes están siempre. Por suerte, cuando tengo días de mucho trabajo, mi mamá me ayuda un montón. De ella aprendí todo lo que sé y cumple un excelente rol de abuela (ella está chocha). Hay trabajos que te demandan muchas horas y te obligan a perderte de ciertas cosas. Hoy elijo trabajar distinto, priorizando lo que me hace bien.
  4. Salir con amigas. Conecto mucho con mis amistades (así como me tomo una clase de baile, puedo tomarme un café con una amiga y relajarme de la misma manera). Es ocio total y pura risa. Invitamos gente a casa, los recibimos con un asado. Esas situaciones son impagables. No hay que descuidar la relación con nuestras amistades.
  5. Trabajar las emociones, haciéndome preguntas. Hay personas que viven la vida sin cuestionarse nada. Hay que pensar: ¿Necesito este trabajo? ¿Quiero hacerlo? ¿Suma algo a mi vida? ¿Me da el tiempo para disfrutar de mi familia?. Se atraviesa un proceso interno que te ayuda a elegir tus prioridades. Tiene que ver con la evolución emocional y personal.

Tener esta actitud ante la vida me ayuda a enfocarme en mi familia, en mis amigos, en mi trabajo; pero sin descuidarme a mí misma. Como todo, la solución es el equilibrio. El exceso es siempre negativo, en cualquier aspecto y para todas las personas.

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